17 de octubre de 2014

Conversaciones – El portero

- Digamos que te enamorás de una mina, vos sabés que a esta edad eso
no es chiste.
- No, claro.
- Y digamos que te separás, que la mina se va con un tipo, lo que sea…
Le hace una seña a la camarera. Me dice que extraña cuando se podía fumar en los bares. Pide otro café.
- Entonces te pasás un tiempo medio desorientado, sufriendo, boludeando
por acá y por allá, mamándote, haciéndote el simpático.
- Ajá.


- Y un día conocés otra chica. Que te gusta en serio. Pero lo primero que
le decís es que no querés ningún compromiso, que venís de pasarla como el orto y no querés repetir, que así estás bien. La piba, de acuerdo a lo que le intereses, se quedará a esperar que la cosa mejore o se irá y listo. ¿No?
- Sí. Supongo.
- Porque no es que te hagas el lindo, el problema es que te da cagazo.
Pero con el tiempo es como si le empezaras a encontrar el gusto.
- ¿Que sería..?
- Digamos que es como tener un alcahuete que te filtra las visitas. Llega
la mina y le dice “no, el doctor está reunido”.
- Vos apenas hiciste la secundaria.
- Es un ejemplo, boludo. Digo, como tener un portero que le pregunta a la
señorita si está agendada. La piba te dice de ir a cenar por ahí y vos le salís con que no, con que no vayamos tan rápido. Claro, si no se las toma es porque le gusta sufrir.
- Las mujeres también hacen esas cosas.
- Claro. Y nosotros las tratamos de histéricas. Pero, pará, dejame ir al
punto. ¿Sabés cual es el problema?
- Decime.
- Que es mentira que la serenata es larga. Al contrario, es bien corta.
Cuando te querés acordar estás en un geriátrico mirando las hormiguitas del jardín. Y te perdiste, por ahí, de estar con gente formidable, de conocerla en profundidad sólo porque le tomaste el gusto al personaje del conflictuado. ¿Entendés?
- Me parece que sí.
- Te digo algo. Yo no me voy a quedar mirando como pasa el tiempo. Un
día de estos me pongo de novio otra vez, podés creerme.
Cuando llega la camarera, pago yo. Después, le doy un abrazo a mi amigo y salgo a la calle y me quedo pensando que sí, que la serenata es corta.
Y que es mejor apurarse que frenar a cada rato.


Por 
Ricardo Arriagada